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"El momento oportuno de comenzar a solucionar problemas matrimoniales es antes de que surjan" |
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El problema del egoísmo en la pareja
Sabemos que las relaciones con base primordial en la atracción física tienen un fundamento tambaleante. Hollywood es un ejemplo de ello. La clásica novela de la bella del pueblo y el joven recién llegado también lo es. Sólo en las películas la historia termina en un final feliz, pero en la realidad no es así. Pero un hombre o mujer enamorado(a) no quiere oír semejantes cosas, al igual que Jacob, irá corriendo tras ella sin importar las consecuencias. “Jacob amó a Raquel y dijo: yo te serviré siete años por Raquel, tu hija menor” dicen las escrituras en Génesis 29.18. Jacob amó tanto a Raquel que ofreció servir a Labán, tío y apoderado de Raquel, por siete años para obtener su mano en Matrimonio. Apenas tenía un mes de recién haber llegado a la tierra de Harán y ya quería casarse con la primera chica que vio en el lugar. Un mes es tiempo insuficiente para conocer a alguien lo bastante como para contraer un compromiso de por vida. El verdadero amor requiere conocerse a fondo. Declarar querer a alguien a quien no conocemos bien, es meramente amar una imagen mental de aquella persona. Si esa persona no llega a la dimensión de nuestra imagen mental, entonces nuestro así llamado “amor” se convertirá en desilusión y resentimiento, y hasta en odio. Demasiado son las parejas que se casan rápidamente y lentamente se arrepienten. Pero por otro lado los noviazgos de siete años como el de Jacob y Raquel quizás resulten algo excesivo. Aún así, necesitan tiempo para averiguar las cualidades deseables e indeseables de una persona, a fin de decidir si uno está capacitado para llegar a hacer feliz a dicha persona. Una de las grandes pruebas de amor es la capacidad de esperar. El apasionamiento por lo general, tiene prisa porque es el resultado del egoísmo. El amor en cambio espera. Busca la felicidad de la persona amada, estando dispuesto a esperar si fuera necesario. Hay un refrán conocido que dice: “El verdadero amor nunca corre fácilmente”. Así sucedió con Jacob y Raquel, fue un amor sometido a gran tensión como veremos. Fue el tío Labán el que metió la cizaña. Era un engañador y viejo tramposo que sustituyó a Raquel por Lea su hermana mayor, en la noche de bodas de Jacob. Él no se dio cuenta y al final tuvo que trabajar otros siete años más por Raquel, sin recibir paga alguna. Sólo porque la amaba. Este gran patriarca, un hombre temeroso de Dios que estaba dispuesto a sufrir por la persona amada, fue el primero en cometer bigamia. No fue esa la perfecta voluntad de Dios. Él hizo una sola mujer para un solo hombre. Aunque Jacob fue engañado, tenía alternativas para escoger. Habría podido aceptar su matrimonio con Lea como la voluntad de Dios (La tradición Judía daba en matrimonio a sus hijas mayores antes que las menores) y aprender a amarla a ella solamente. El padre de Jacob, Isaac, aceptó las consecuencias del engaño de su hijo al suplantar a su hermano Esaú y de robarse la bendición de la familia. Por ello Isaac fue elogiado en el Nuevo Testamento. Tal vez Jacob habría sido elogiado también por tener la misma fe al aceptar estas mismas consecuencias de la soberana mano de Dios. Además fue a través de Lea, la madre de Judá de quien habría de venir el Salvador. Génesis 29.35 dice: “Esta vez alabaré a Jehová; por esto llamó su nombre Judá. Y dejó de dar a luz”. Pero Jacob no se mostraba muy dispuesto a creer que Dios controlaba estas circunstancias. El conseguiría lo que quería a pesar de la voluntad de Dios y se ganaría así muchos problemas. Notemos también que fue Raquel quien robó los ídolos de su padre. El que poseyera esas imágenes era aceptado como el heredero principal de la familia, aún cuando este fuese tan sólo un yerno. Aquí se mostraba también la codicia de Raquel. Pero aún así él la siguió amando. |
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