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--- No le buscamos pareja a nadie, pero le damos los principios necesarios para una buena elección --- |
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¡Soltero! No vendas tu primogenitura.
“Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado, dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom. Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura. Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura. Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura ” (Génesis 25:29-34) Esaú, presa del hambre y la desesperación luego de un agotador día de caza, decide “vender”, por un plato de lentejas, su primogenitura a su hermano Jacob y con ello empeñar la futura bendición de su padre Isaac. La primogenitura era un honor especial que recibía el primer hijo que nacía. Incluía una doble porción de la herencia de la familia junto con el honor de llegar a ser algún día el líder de la familia. El hijo mayor podía vender su primogenitura o regalarla si quería. Pero perdía su posición de líder de la familia. La primogenitura era un privilegio tremendo y honorable hasta no muchos siglos atrás. El mayor era heredero del título más alto de la familia, del trono, cuando se trataba de reyes, las mayores posesiones, el nombre, etc. Pero en Esaú, además de todo esto, involucraba la promesa mesiánica, el jefe de una familia religiosa, un pueblo especial y santo; pero, nada de esto le importó. A los creyentes se nos llama también primogénitos en Hebreos 12.23, porque somos los más privilegiados entre los hombres. Esaú entregó los beneficios permanentes de su primogenitura por el placer inmediato de la comida. Actuó impulsivamente por satisfacer esos deseos inmediatos, sin detenerse a considerar las consecuencias a largo plazo de lo que hacía. Esaú es el prototipo del hombre que pone todo su afán e intereses tergiversando los valores: aquel que nada le importa sino satisfacer su necesidad o lo que él crea es en el momento, su capricho y, nada más. Lo del futuro, sea suyo o el de aquellos que dependen de él, no le preocupa. La Realidad de nuestra Sociedad hoy Una escritora norteamericana especialista en temas de Relaciones define a la sociedad actual de la siguiente manera: “Creo que ya hemos vivido con estas nociones del tiempo suficiente para saber si el experimento funcionó o no. El experimento es un fracaso. La profunda necesidad que tenemos todos de encontrar la coherencia y la seguridad en medio de una relación íntima y amorosa no se satisface con esa mentalidad de ‘libertad frente a todo', que sólo se compromete con el momento y no con el futuro” (Libro: Diez estupideces que cometen las parejas para dañar sus relaciones. Laura Schlessinger Ph.D. Grupo Editorial NORMA). Este estilo de vida que la sociedad actual nos invita a vivir ‘libertad frente a todo' no está lejos de parecerse a lo que en su momento vivió Esaú. Al dejarnos guiar por esta ‘libertad', podemos caer en la misma trampa. Cuando vemos algo que deseamos, nuestro primer impulso es obtenerlo. Al principio nos sentimos intensamente satisfechos y en ocasiones hasta poderosos porque hemos obtenido lo que nos propusimos. Pero el placer inmediato a menudo opaca el futuro. Estas situaciones se dan por ejemplo, cuando el apetito sexual apremia, un acta matrimonial puede no parecer tan importante en su momento, pues una vez satisfecho ese apetito sexual abandonan la marcha a través del divorcio. En ocasiones sentimos tanta presión en ciertas cosas que no nos importa lo demás, es el caso también de la elección del compañero/a. Deseamos tanto no estar solos o solas que no importa de qué trasfondo venga la persona, no nos interesa conocer su pasado, sólo queremos que esté a nuestro lado, tal vez tenga algún vicio o un tipo de personalidad que no es el adecuado, pero eso no nos importa creyendo que más adelante lo/la cambiaremos (al mejor estilo de la bella y la bestia). La presión del momento nos hace perder la perspectiva. Ese instante lleno de presión suele ser el más difícil al enfrentar la tentación. Sin embargo ¿qué espera Dios de cada uno de nosotros? (continúa) |
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